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COVID, Ejercicio y Otros Factores.

Actualizado: may 11

Anteriormente hemos hablado del sistema inmune, salud y nutrición, también del sobrepeso frente a COVID-19 y las enfermedades asociadas a obesidad como diabetes, hipertensión y cardiopatías las cuales tienen por su naturaleza relación con una alimentación deficiente en nutrientes, lo que favorece el estrés oxidativo celular y el desequilibrio del sistema inmune frente a virus y otros patógenos.


Pero también, así como la alimentación saludable de forma prolongada favorece un estado de salud ideal y la homeostasis (equilibrio), existen otros factores que complementan ese equilibrio y que la suma de ellos con la nutrición consciente previene enfermedades crónicas, mejoran calidad de vida y ahora sabemos que protegen de complicaciones graves frente a virus en este caso COVID-19.


Estos son factores ambientales ya que podemos manipularlos, como es el: ejercicio físico, sueño reparador, no fumar, ni beber y la salud emocional. Todos involucrados en estilos de vida, en esta ocasión hablaremos del ejercicio físico.

Se considera como ejercicio la realización de cualquier actividad física, en un tiempo y objetivo determinado, donde se involucren prácticamente todos los sistemas y partes del cuerpo. La evidencia sugiere que el ejercicio de mediana a alta intensidad a mediano plazo tiene un efecto protector ante la inflamación, por la reducción de la grasa visceral y disminuyendo resistencia a la insulina.


Esta información es de dominio público y hemos sido testigos de campañas, programas y exhortos a la población para formar el hábito, pero ¿Cómo es que se promueve ese efecto benéfico a nivel sistémico?



El beneficio más conocido del ejercicio es a nivel de tensión arterial, vasos sanguíneos y capacidad respiratoria con efecto cardioprotector, reduciendo el riesgo de mortalidad cardiovascular y existe suficiente evidencia de que la falta de ejercicio sería una de las principales causas de enfermedades crónicas y coronarias.


Cuando hablamos del efecto de ejercicio físico y el sistema inmune, es un tanto complejo porque se involucran el sistema inmunitario, el nervioso y el endocrino, estos se encuentran íntimamente relacionados, por lo que se habla de un sistema neuroinmunoendocrino que permite el funcionamiento del organismo.


Los beneficios del ejercicio físico además de mejorar resistencia cardiovascular, permite que el estrés oxidativo disminuya y el equilibrio del sistema inmune se reestablezca.


Beneficia también a todo el tejido muscular esquelético, el cual nos da soporte y movimiento, pero la actividad de este tejido, se relacionan con el estado de ánimo, el cual es influenciado por hormonas secretadas por el sistema endocrino a nivel de sistema nervioso.



Tal es el caso de la serotonina, conocida como el neurotransmisor de la felicidad, influenciada por el ejercicio físico y se ha demostrado que afectan la función inmune tanto como otros neurotransmisores asociados al bienestar.


Es entonces la respuesta integrada al ejercicio lo que permite una adaptación de los diferentes sistemas que se activan cuando se realiza una actividad física durante un período sostenido, y a una intensidad y frecuencia adecuadas para el correcto mantenimiento de las funciones orgánicas.


Esta actividad promueve la liberación de citocinas relacionadas con la regulación de la respuesta del sistema inmune ante la inflamación. Recordemos que algunos patógenos, los factores ambientales (estilo de vida ejemplo fumar) y virus promueven la inflamación celular, éstas citosinas ejercen efectos anti inflamatorios potencia la función de las inmunoglobulinas o también llamados anticuerpos, los cuales son vitales para hacer frente a infecciones virales y, por lo tanto, ayudar a resistir.


La protección que ejerce el ejercicio físico ante al estrés oxidativo celular e inflamación, como podemos ver, va más allá de un sistema cardiovascular sano.



El ejercicio está implicado en la respuesta celular ante el ataque de agentes externos, pero si nuestras células no están preparadas para “hacer frente” a amenazas como el COVID-19 por un estilo de vida poco saludable, el riesgo de complicaciones es mayor. Ahora es el momento de comenzar a movernos, de poco a poco, porque poco es mejor que nada, pero con la ambición de encontrar que tipo de actividad física nos gusta, en todas las plataformas digitales podemos encontrar vídeos, tutoriales y rutinas para llevar a cabo.


Si hemos sido muy sedentarios, no pretendamos comenzar de cero a cien, comenzar con lo sencillo para nuestro organismo será más que suficiente e ir aumentando la intensidad cuando lo permita el cuerpo. Acércate a un profesional, que te aplique algún instrumento para conocer qué tipo de ejercicio te conviene y te explique la biodinámica propia del movimiento para evitar lesiones y accidentes.


Covid-19 no solo llegó para pausarnos el estilo de vida relacionado con la inmediatez y la rapidez del día a día, llegó para auto observar nuestro estilo de vida, nuestra rutina que es la suma de lo que hemos hecho a largo plazo y a despertarnos si queremos tener calidad de vida, comprometiéndonos con nuestra salud. ¿Te estas nutriendo y moviendo lo suficiente?



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